viernes, 30 de septiembre de 2011
domingo, 11 de septiembre de 2011
Exilio Errante

A Pepa Pascal
sobre Santiago, con Salvador.
Era el tiempo en que Pablo
escribía desde Isla Negra,
sus sonetos de Amor.
Pero no duró,las nubes
lo opacaron y llovió.
Parecido como acá.
Ante tanta negrura
te llevaron a otro sol,
a otra isla,
Fue la primera escala
de alli a otro punto distante,
lluvioso y con neblina constante
donde no se dice :¡Hola! Sino ¡Hello!
Pero tampoco ibas a quedarte
necesitabas el sol,
el de afuera y el de adentro.
Fue otra vez la Isla
tu refugio.
Pero estaba visto que tu destino
no era quedarte en un sitio.
Otra vez cruzar el oceano
Y esta vez no sería ¡Hello!
sería ¡Oui, madame, bonjour Monseur!
Paso un tiempo y nuevamente
fue la Isla tu destino.
Pero los vientos te traerían
a este lado de la cordillera.
Y aquí decidiste anclar.
Mientras todos partían
al sol de los Mayas.
Cantaste a Silvio y otros Isleros
Y fueron quizás los vientos
de la cordillera, que te trajeron
los olores de tu tierra.
O quizás viste brillar
el sol, de nuevo sobre Santiago.
Ya no estarán ni Salvador, ni Pablo
pero quizás hayan otros Salvadores,
u otros Pablos.
Y ahora que es verano
Volverás a Santiago.
http://youtu.be/5zFKAO05zcw Video en donde leo este Poema en Sitges-Barcelona 2010
jueves, 1 de septiembre de 2011
Camino a…
"....que morir significara ir donde
tú puedes cerrar los ojos y encontrarme..."
Robert Hill Long "Dead horse point"
Por la milimétrica, casi invisible ranura, podrás intuir lo que no es visible a tus ojos, ciegos a todo mundo amado; ciegos al amor.
Entre piedras milenarias, escavando en antiguas ruinas, el sol, oropel mágico, renace y brilla en todo su esplendor, dejando en las grietas dormidas, las sombras de alguna luna.
Caminas, paso a paso, sintiendo bajo tus pies las disimiles rocas, punzantes, redondeadas, escarpadas, asciendes lento, cada vez más lento hacia esa cima, descomunalmente lejana; en esa ruta vas dejando a un lado del sendero que vas construyendo, las mínimas arcillosas huellas de tu paso.
En un atardecer de rojos incendios en el horizonte, tu cuerpo echado sin preámbulos entre las sombras de algún cactus elevado en pináculo; rocías tu boca y garganta de fragante chorro de autentico Shiraz, la última gota cuelga del pico verde de la botella, cae despaciosamente directa en tu garganta, dejando en ella el sabor escaso de un recuerdo tan frágil como la gota del Shiraz.
Pero las sombras refrescantes de una incipiente noche masturban tu mente atravesando montañas, ríos, mares; galopan audaces en juvenil aventura dejando enredados entre largos cabellos, florecientes de aromas, risas, besos sin prisas, suaves, cálidos, sensuales, llevando en bandoleras abrazos, caricias, rozando entre las telas sedosas la aún mas sedosa piel, hundiendo los sentidos del tacto mas allá de curvas y llanos, recibiendo estelas de pasión conjugada en espacios sonoros, alegres y felices.
La noche, la luna refulgente, el sabor del Shiraz en la garganta, abrazan tu sombra y cobijan tus sueños, hasta que llegue el amanecer y al abrir los ojos encuentres el resplandor de Febo, alumbrando tu cara, a tu lado, sólo el cactus, hacia arriba, aún un camino tan largo y difícil como el que haz recorrido.
martes, 30 de agosto de 2011
ATRAPADA
En postura fetal yazgo inerte.
Atrapada,
entre rocas milenarias,
sin atisbos de luz
filtrándose entre grietas selladas.
Inmóvil transcurro
días oscuros sin sol.
Noctambulas lunas no alumbran,
ni parpadean estrellas mortecinas.
Atrapada,
sin vislumbrar un mañana.
Sólo tu mano, podrá desenterrar
los sueños insomnes,
llevándome al refugio seguro
de tu pecho, para entre tus brazos
mecerme en cálido arrullo.
Dibujo: "Atrapada" 2010
©Ana M. Piñol Urgellés
miércoles, 13 de abril de 2011
A Pablo Neruda
viernes, 10 de diciembre de 2010
Mañana lo sabrás...

La lámpara extinguió su resplandor.
En el suelo esparcidas
yacen las astillas de mi corazón.
Los aromas alucinógenos y alucinantes,
anuncian un largo viaje.
No te llegarán cartas,
ni fotos, ni postales.
No sé aún donde iré.
No sé aún donde estaré.
No sé aún donde acabaré.
No llevo equipaje,
ya no necesito
flores secas, envueltas en celofán,
pequeños sourvenirs de errantes exilios.
Mi huella se perderá
entre las olas burbujeantes.
El reloj no volverá a marcar el paso del tiempo,
porque no lo habrá.
La mano no temblará y acertaré,
el disparo atronará.
Las pastillas esparcidas en el pequeño plato,
esperan, junto al vaso con agua.
No tengo auto para reclinarme en un asiento
dejando que duerma lentamente.
Quizás algún día en una charla me nombres,
sin querer, y un chorro de recuerdos
recuperen la memoria,
anudando la garganta.
Probablemente dentro de mucho
nos volvamos a encontrar, libres.
Ojalá tenga valor!
Mañana lo sabrás…
Dibujo: ©Ana M. Piñol Urgellés
lunes, 6 de diciembre de 2010
VOLÉ

Me crecieron alas.
Volé…
Como Cóndor sobre montañas.
Como Gaviota sobre océanos.
Con mis plumas acaricie tu cuerpo,
y volé…
Como Ave Fénix resurgí de cenizas
una y otra vez.
Desplumada, chamuscada,
acurrucada intentando recuperarme.
Al final siempre lo conseguí.
Me enseñaste a volar.
Me crecieron alas.
Volé…
Nunca me dijiste
que el vuelo más difícil,
mas largo, sería el volver a llegar a ti.
Replegué mis alas,
me volví a acurrucar,
esperando una señal,
una mínima mueca,
una sonrisa,
una palabra.
Me enseñaste a volar.
Me crecieron alas.
Ya no vuelo…

lunes, 29 de noviembre de 2010
Película

mientras la luz blanca
proyectaba su haz en la pantalla.
Quieta, inmóvil,
asistía desde mi butaca
al murmullo silencioso de la última palabra.
Reconstruí escenas,
tomas, palabras,
diálogos incompletos,
música inconclusa.
Inciertos trozos de recuerdos
deshilachados de una memoria marchita.
Desfilaron secuencialmente
sobre las azules imágenes de pasado,
fundiéndose en blancos luminosos
para acabar sucumbiendo
en las brasas candentes
de las llamas rojas del presente.
Pero solo quedaba la última palabra
FIN
domingo, 14 de noviembre de 2010
CANDILEJAS

Candilejas
luminosas,
de un día,
de otro,
de más de dos.
Candilejas
de carcajadas,
caricias mezcladas,
mientras desfilabas
insomne en mí.
Candilejas
mundos atrapados
sólo por espacios,
cubiertos de neón.
Candilejas
inútiles en el recuerdo
donde sólo quedaron
las notas del arpegio
que no llegaste a concluir.
Candilejas
que se apagaron
como las luces
que ya no iluminan.
Candilejas
que dejaron
el sabor amargo
de un nuevo fracaso.
martes, 21 de septiembre de 2010
Primaveras (Vinchas en el pelo)

A veces sin darnos cuenta, como sin querer.
De estar sentados en ronda en un 21 de Septiembre (que por milagro no llueve) entre flores de mil colores, vinchas en las frentes, mas que en los cabellos, en un parque atiborrado de tanta gente que como nosotros,
Han pasado tantos años!!!.... Como 30 primaveras o más desde entonces.....
Pero algunas cosas siguen igual. Vinchas en el pelo....la bajada de la Plaza Francia.....
Los artesanos volvieron a llenarla después de tiempo. aunque no los mismos....
Algunos también hoy llevan sus guitarras. pero no las mismas.
De aquellas utopías recién florecidas,
El tiempo pasa, nos pasa, se nos acumula en cada surco,
viernes, 27 de agosto de 2010
El viejo Teatro

Unos pasos calmos, rítmicos, crujían el espacio, una figura indefinida emergió entre las bambalinas, como resucitando de una antigua película, un piloto color beige de doble abotonadura, cuello levantado, el cinturón marcando la figura, zapatos de taco alto y medias negras, un pequeño sombrerito de lluvia y unos anteojos negros; las manos en los bolsillos y bajo uno de los brazos una cartera tipo sobre negra; caminó despacio, sin ninguna prisa, sintió bajo sus pies, cada centímetro de ese suelo negro, crujiente y hueco del escenario. Su mirada no sé donde estaba; en que infinito mundo navegaba, no podía verla.
El recorrido duró unos minutos, seguramente segundos; se detuvo casi llegando al proscenio y su cuerpo fue girando milimétricamente en l80º.
Buscando en los entre-telones, de telas negras, raídas a jirones por los mitológicos ecos del pasado, las cenizas de los aplausos irremediablemente gastados.
Un frío recorrió su columna en la soledad silenciosa del viejo teatro.
Durante unos instantes detuvo su cuerpo evocando en su mente un recuerdo que no le producía daño; era un polvoriento y caluroso ensayo en donde una voz se convertía en sentimiento, palabras frases, llenaban de sonidos imaginarios el silencio real de la sala.
Él bañaba con fina lluvia de su esperma el cuerpo urgente, de la musa de pechos turgentes, mientras de su boca salía a borbotones su sexo de aullidos.
Ella lo ignoraba inmersa en una orgía subterránea de fantasías cósmicas.
Mientras aquel director vouyerista, desde la butaca de pana roja, en el centro de la sala vacía, se masturbaba imaginándose un orgasmo infinito con la musa de cabellos azabaches y ojos de salvaje deseo.
En que recuerdo habrá anclado su mente cuando levantó su rostro, como iluminada por el resplandor de una proyección sin pantalla, hacia el vidrio roto de la cabina de sonido.
¿Qué antiguo personaje se habrá apoderado de su mente y su cuerpo?
¿Qué poderosa fuerza la impulsó hacia el costado buscando el abrigo del telón apolillado?
¿Qué sombra del pasado se habrá reflejado en el marco de la puerta de entrada?
Qué imán tan poderoso la habrá llevado a descender los tres escalones del escenario, para perderse escaleras arriba, sin volver ni siquiera la mirada atrás y partir, fragmentada en las esquirlas del pasado, perdiéndose inevitablemente dentro de su propio vacío, frío, silencioso escenario negro de la vida.
miércoles, 25 de agosto de 2010
Me perdí
entre los abrazos no abrazados,
entre los besos no besados,
entre los sueños soñados.
Me perdí, buscándote entre la nube de recuerdos,
camine madrugadas, atardeceres, noches enteras,
sin embargo no te encontré.
Me perdí, quizás algún día vuelva a encontrarme
martes, 10 de agosto de 2010
Quiero enredar esta noche

Quiero enredar esta noche,
entre las sábanas de seda negra,
mi cuerpo en tu cuerpo,
amanecer mirando el cielo
entre estrellas que se apagan
y el sol guiñándole el ojo a la luna.
Quiero sentir en cada pliegue de mi cuerpo
el recorrido de tu boca,
vibrar con cada minúscula caricia,
hamacarme entre tu mirada y tu sonrisa.
Quiero tenerte esta noche,
como en aquellas,
que de pronto revoloteaban
pájaros contra los cristales,
o en las que jugamos a inventar hábitos,
pero tenerte esta noche sería lo más importante,
y que no te fueras cuando clareará el día.
sábado, 24 de julio de 2010
Te Camino Buenos Aires

Hundo mis pies en los pozos embarrados.
Esquivo montículos de tierra.
Caigo entre maderas, insostenibles
en los bordes de precipicios entubados.
Cruzo calles, entre avalanchas
de motores funcionando.
Sobrevivo al serpenteo de una moto,
que a la turbulencia de su paso,
roza el ruedo de mi abrigo.
A pesar que mi pie resbala
en el borde de la acera aceitosa,
logro aterrizar en la vereda de enfrente.
Y nuevamente sigo el camino.
Si esto fuese el relato de una ciudad
bombardeada por una guerra;
sería lógico, normal; pero ésta ciudad,
no ha pasado guerra,
no hubo bombas.
Literalmente hablando.
Sin embargo mis pies cansados
ya de recorrer por casi cinco décadas,
las mismas baldosas, pisoteando
basura, barro y cemento,
viendo como la destrucción
va sembrando el rumbo.
Buscando calles que ya no son calles,
ni desde el nombre, que ya no está,
ni de aquellos lugares que albergaban
las risas, nuestras risas;
adolescentes de pasado,
utópicas de futuro.
Sólo queda algún que otro bastión
sobreviviente de la modernización.
Algún monumento empinado hacia el cielo,
cortando en dos, como cuchilla filosa en el aire,
la ruta incesante de un centro,
que cada vez nos invade más, ahogándonos;
y hoy, todavía no preguntamos ¿Para que está?
Entre medio de la vorágine,
nos llevamos por delante
o nos lleva por arrastre del costado
derecho o izquierdo;
en esa lucha constante de supervivencia selvática
por mantener a flote un barco
que navega sobre zancos
apoyados en arenosos y rocosos fondos.
Así como camino las calles,
recorro nuestra vida,
apasionada de ilusiones,
superviviente de utopías,
no del todo enterradas,
entre baldosas flojas
y carteles de neón.
Entre mesas de bares,
que recordamos nostálgicos,
sentados ahora en “peceras”
luminosas de caños y fórmicas
o en los no menos lumínicos
infantiles y adolescentes,
yankeelizadas hamburgueserías.
Dónde fueron a parar
aquellos pintores, escritores,
actores, músicos, que merodeaban
la noche, de bar en bar,
esperando las seis de la mañana
para ir a comprar los bollos de grasa,
recién horneados, calientes y crujientes
a la panadería al lado del San Martín.
¿Qué se hizo del viejo violinista?
que tocaba por monedas,
y después te pagaba el sanwich de mortadela.
Porqué se perdieron las librerías
abiertas hasta la madrugada,
con mesas repletas,
en donde leíamos los libros
que no podíamos comprar,
cuando todavía no existían las fotocopiadoras
y mucho menos la computadora.
En que viejo anticuario, del Mercado de las Pulgas,
habrá ido a parar aquella vitrola,
con los discos de rock, que sonaba con monedas.
¿Habrá publicado su libro,
aquel que nos leía sus poemas en La Paz?
¿Habrá vendido el cuadro del cisne
sobre el piso embaldosado en blanco y negro,
aquel pintor del Taller de las Artes?
Aquel que llevaba la guitarra colgada en la espalda,
como ahora llevan las mochilas,
¿Habrá logrado editar su disco?
Y de todos los sueños y proyectos
en grandes teatros de la calle Corrientes,
¿Cuántos lo habremos realizado?
martes, 6 de julio de 2010
Busco un Hombre

no quiero hombres que me atrapen en su ego.
Yo busco ahora uno que sea la calma.
Que no tenga que sentir
que el mundo se acaba sólo en él.
Sólo quiero un hombre, sencillo y cálido.
Un hombre que no esté en la vidriera de la vida,
uno que en el refugio de la noche
me lleve por los mares de placer
y en las tardes, me tome la mano
para remontar juntos el camino de regreso.
Quiero un hombre que en las mañanas me sirva la luz.
Un hombre que con sólo mirarlo
sepa que le digo que lo amo.
Un hombre que cuando pase a mi lado me ame.
Un hombre al que no necesite explicarle,
que la nube de tristeza
que empaña mis ojos cansados,
no es por él, sino por el pasado.
Por los acantilados rocosos
de Faros en el Fin del Mundo.
Busco un hombre, quizás ya no lo encuentre.
Quizás haya llegado tarde.
Pero no renunciaré a un hombre, que me ame.
Fotografía: ILYA RASHAP
miércoles, 30 de junio de 2010
Cuando logres llegar a mí

Cuando logres atravesar
por alguna de las grietas
de mi caparazón.
Cuando logres entrar en mí.
Cuando descubras lo que hay dentro mío.
Cuando consigas descubrirme.
Cuando encuentres mi alma desnuda.
Cuando la recorras, como geografía,
de una punta a la otra.
Cuando te instales en un recodo,
esperando un amanecer,
o tal vez un ocaso.
Cuando no encuentres sombras.
Cuando descubras las incógnitas
remotas de infinitos amaneceres,
lejanos como el faro del fin del mundo.
Cuando los silencios
estén poblados de mil palabras.
Cuando las miradas
no necesiten explicaciones.
Cuando tu mano
acaricie un cuerpo
y él se abra como primavera.
Cuando tu lengua
resbale en rio caudaloso
entre mis recovecos.
Cuando tu boca
succione la mía
y las dos se pierdan
entre las geografías.
Cuando entre la piel
y el alma no haya frontera,
ni tuya, ni mía,
será el instante
que habremos descubierto,
los ocultos misterios
que llevamos dentro.
Cuando logres llegar a mí,
mientras tanto, solo sabremos
lo que permitimos que asome
por fuera del caparazón.
miércoles, 23 de junio de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
Afrodita renace

cada primavera que el sol calienta.
Sucumbiendo inconsciente
a la sensualidad de tu recuerdo;
vivo, presente,
atento, penetrante,
recorriendo el espacio
mágico de los cuerpos.
jueves, 17 de junio de 2010
miércoles, 12 de mayo de 2010
Corrientes

la que nunca duerme.
Buenos Aires, amaneciendo.
En el arrullo susurrante
de los noctámbulos errantes.
Eres tú, esa
la que nos cobija
en el calor de los carteles de neón,
en el canto de los violines,
de las guitarras trasnochadas,
de las filosofías de café,
discutidas y hasta peleadas
en los bares tradicionales.
Eres tú, esa
la que alberga
diferentes generaciones,
con una sola meta
“La ilusión”.
Con un solo tiempo
“El de los sueños”.
Eres tú, esa
la que el tango
te puso número, 348,
para amparar el amor.
Eres tú, esa
la que hace años
era angosta
y el progreso te transformo.
Eres tú, esa
la que el poeta nombra,
la que el cantor entona,
con guardaespaldas al centro,
mirando el cielo de punta.




