Yo te propongo,
que en la distancia y en el tiempo,
No dejemos de amarnos.
Que cada noche estiremos una mano
hacia la nada y en ella cerremos los ojos
E imaginemos…
Primero usemos el sentido del tacto,
y comencemos a sentir el calor
que desde la otra mano,
en donde sea que esté, se trasmitirá.
Luego muy despacio
vayamos acercando una a otra.
Aspiremos su fragancia ,
dejemos que entre el calor
y el aroma, nos envuelva
una suave melodía.

Yo te propongo,
que en la distancia y en el tiempo,
No dejemos de amarnos.
Dejemos que las manos nos lleven
Por los paraísos no recorridos,
Por los mares no navegados.
Por los cielos no vislumbrados.
Yo te propongo,
que en la distancia y en el tiempo,
No dejemos de amarnos.
Busquemos en los recovecos
de nuestros sentidos
Aquellos instantes que fueron nuestros.
Y volvamos a amarnos.






















